La última jornada de “Cine en el parque para los que nos quedamos aquí” finalizó en la noche de hoy con la presentación de dos películas rioplatenses. La primera de ellas, un cortometraje escrito y dirigido por Pablo Stellardo, “A ojos de búho”. Junto a éste, Espacio Cine Canelones había tenido la oportunidad de ofrecer otro trabajo del director, “La jaula”, cortometraje de veinte minutos que abriera la muestra en su primer día.
Seguidamente, la función continuó con el film argentino-español “Historias mínimas”, de Carlos Sorin.
La oportunidad de hoy fue para el nuevo cine realista rioplatense, que sigue las tendencias que impone el actual cine español: un fiel retrato de la vida diaria de los hombres más corrientes de la sociedad. Diálogos simples, cotidianos; vidas provincianas, lentas, apartadas del vértigo de las grandes ciudades. Ambientes oscuros, habitaciones sucias, marrones, pestilentes. La tónica es común a ambos filmes: el reflejo de la vida miserable de quienes viven tras Grandes Esperanzas e Ilusiones Perdidas.
Entre la presentación del corto uruguayo y el largometraje argentino, la persona de Sonia Destéffanis se dirigió al más de centenar y medio de público presente agradeciendo el apoyo ofrecido a este proyecto de distintas instituciones y relevantes personalidades. Oportunamente, Espacio Cine Canelones continuará organizando nuevas muestras de cine en la ciudad, acercando el cine a los distintos barrios de Canelones para el año 2006.
Las cuatro jornadas de “Cine en el parque para los que nos quedamos aquí” lograron atraer a más de seiscientos o setecientos vecinos durante el mes que tuvo lugar. Cuatro importantes películas, dos clásicos (“El Pibe” y “Cinema Paradiso”), dos películas algo recientes (“La casa de las Dagas Voladoras” e “Historias mínimas”) y dos cortometrajes de un director de la ciudad. El público de canelones siguió la propuesta con inusual agrado, y el que seguramente acompañará nuevas instancias de este tipo. La importancia de “Cine en el parque para los que nos quedamos aquí”, más que la significativa exhibición de seis filmes, será el que esta eventualidad siente un precedente, y que más eventos de este tipo puedan seguir sucediendo en el futuro: los costos de un proyecto como el que han organizado los integrantes de Espacio Cine Canelones son mínimos en comparación con el bien cultural que genera para la ciudad. El hecho de que esté bien o mal ajustado el evento, no quita que sea preferencial la existencia de una propuesta perfectible, a la ausencia de una. Una ciudad sin propuestas, aletargada, que abuse de la marihuana, el diazepán o el alcohol o la TV uruguaya, tiende a generar un ocio al que se habitúa con indolencia. Las naciones activas, del tipo japonés, alemán o norteamericano, desarrollan niveles de creatividad mayores en varias superficies de la espiritualidad humana: a ellos debemos mayor desarrollo cinematográfico, tecnológico, económico o artístico.
El país que nos ha tocado vivir, es evidente, adolece de un gran cansancio físico: salvando el Carnaval, hemos sido incapaces de crear bienes culturales sólidos. La propuesta que viene realizando Espacio Cine Canelones puede es tan elemental para la ciudad desde el aspecto cultural, como el hospital lo es dentro del ámbito de la salud. Bueno o malo, no puede prescindirse de un institución como tal, así escasee calefacción, remedios y alimentos.
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